El Corán eligió para la maledicencia la imagen más repulsiva posible: «¿acaso le gustaría a alguno de vosotros comer la carne de su hermano muerto?» (49:12). Eso es la ghibah: hablar del ausente que no puede defenderse.
Y es, probablemente, el pecado más normalizado que existe: se comete tomando té, en el grupo de WhatsApp y en los comentarios de Instagram —muchas veces sin registrarlo siquiera como falta.
La definición exacta del Profeta ﷺ
«¿Sabéis qué es la ghibah? Mencionar de tu hermano lo que le disgustaría». ¿Y si lo que digo es verdad? «Si es verdad, has hecho ghibah; si es mentira, lo has calumniado» (Muslim).
Este hadiz desmonta la excusa universal —«pero si es verdad»—. La verdad ofensiva sobre el ausente es ghibah; la mentira es buhtan, calumnia, y es peor. Y no hace falta hablar: el gesto, la imitación burlona o el «ya sabes cómo es» con una mirada cuentan igual.
Dónde se comete hoy
- El grupo familiar o de amigos donde siempre cae el mismo ausente.
- El trabajo: la crítica al compañero que no está en la reunión.
- Las redes: compartir el vídeo humillante, el pantallazo, el cotilleo de famosos —la ghibah industrializada.
- El formato piadoso: «lo digo para que hagamos du'a por él...» seguido de la lista de sus defectos.
Las excepciones legítimas
Los sabios (an-Nawawi las recopila en Riyad as-Salihin) reconocen casos donde mencionar el mal del ausente es lícito por necesidad real:
- Denunciar una injusticia ante quien puede repararla (juez, autoridad).
- Pedir ayuda para corregir un mal ante quien puede hacerlo.
- Pedir una fatwa: describir el caso al sabio.
- Advertir de un daño real: informar honestamente sobre alguien a quien te pide consejo para casarse o asociarse, o señalar la falta de fiabilidad de un transmisor —así nació la ciencia del hadiz.
- Quien peca abiertamente de aquello que él mismo hace público.
- Identificar a alguien por un apodo conocido sin intención de ofender.
La regla común: necesidad, medida y propósito —no desahogo ni entretenimiento.
Cómo cortarla (sin sermonear)
- Defiende al ausente: el hadiz promete que «quien defiende el honor de su hermano, Allah defenderá su rostro del Fuego» (Tirmidhi). Basta un «bueno, también hay que decir que...».
- Cambia de tema sin drama: funciona más veces de las que parece.
- Vete o calla si no puedes más: el Corán ordena no sentarse donde se ofende (4:140 en su principio general).
- Si la cometiste: arrepiéntete, y los sabios añaden: pide perdón al afectado si lo sabe, o súplica y habla bien de él donde hablaste mal, si decírselo causaría más daño.
Preguntas frecuentes
¿Qué es ghibah y qué es buhtan?
Ghibah: decir del ausente algo verdadero que le disgustaría. Buhtan: decir de él algo falso. Ambos prohibidos; el segundo, más grave (Muslim).
¿Es ghibah si no digo el nombre?
Si el grupo sabe de quién hablas, sí: la identificación implícita cuenta. La indirecta en redes («hay gente que...» señalando a alguien reconocible) entra de lleno.
¿Escuchar ghibah también es falta?
El oyente que asiente y disfruta participa. Las opciones son defender, desviar o irse; la que no existe es «solo escuchaba».
¿Criticar ideas o productos es ghibah?
No: la ghibah protege el honor de personas concretas. Evaluar ideas, obras o servicios con justicia —sin humillar a la persona— es crítica legítima.
El entrenamiento de la lengua
La lengua se educa con sustitución, no solo con freno: quien tiene la boca ocupada en dhikr y istighfar cotillea menos. Empieza por las adhkar de mañana y tarde: llenan los huecos donde la ghibah anida.
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